Familia rodante: la travesía como encuentro familiar


Tres generaciones en un largo viaje es un gran aprendizaje de convivencia. Estar con otros, compartir espacios comunes con la simplicidad de los viejos tiempos, es una experiencia que nos une, nos alimenta y nos extiende la vida.

encuentro

Hace tres años que vivo en México la mayor parte del año. Para mantener el contacto con mi hija Paloma, empezamos cada año a hacer juntos una travesía por este país de dos meses. Hoy Paloma parte de regreso a Mercedes después de una estancia de 55 días, y me sale compartir la historia familiar de estos viajes.

Vivimos una época fabulosa para viajar. La humanidad está cruzando fronteras de una manera nunca vista antes en la historia. Sin embargo, muchos de estos viajes los concebimos en su formato turístico: un itinerario planificado, hoteles, comodidades y un presupuesto suficiente para no sentirnos agobiados por el estrés de estar lejos de casa.

En cambio, las travesías que emprendimos con Paloma hace tres años nacieron de la improvisación y la escasez de recursos. Se originaron más en la necesidad que en la abundancia. Son viajes que combinan estancias en mi casa, en campamentos, en casas de amigos y en hotelitos. Son periplos sin itinerario fijo, donde nos mezclamos con el mundo, aceptamos dormir donde nos inviten y comemos donde el azar decida. De hecho, muchas veces me cuestioné si tenía sentido hacer un viaje sin las “seguridades” y “comodidades” que estamos habituados a dar por descontadas.

Con el tiempo, descubrí que eran un gran aprendizaje de convivencia.

Simplemente estar en familia

El ejercicio que deberíamos hacer más seguido es estar en familia, en comunidad. Cocinar juntos, compartir camas, recursos y espacios comunes, decidir entre todos la agenda del día. En síntesis: re-aprender a estar con otros, con la simplicidad de los viejos tiempos. Porque es evidente que hemos perdido nuestra capacidad y sabiduría para la vida comunitaria.

Tenía en mente la necesidad de cultivar este clima familiar cuando en los últimos dos viajes incorporamos, en uno a la abuela Alcira, y en otro al abuelo Jorge. En ambos casos dudé. Dudé muchas veces que un trío tan heterogéneo pudiera funcionar: “Es mucho tiempo. Tenemos diferentes edades. Nos vamos a aburrir. Una travesía tan larga es cansadora y corremos el riesgo de terminar peleados”.

Es que muchas veces estamos más conectados con las pantallas que entre nosotros mismos. Los dispositivos electrónicos nos hipnotizan. Si nos desconectan del monitor y nos ponen a los miembros de una familia frente a frente, los primeros minutos nos embarga una terrible sensación de incomodidad, de vacío, de no saber qué decir…

Tenemos miedo de enfrentar este momento, pero la verdad es que con las horas, nuestra humanidad básica aflora, la empatía resurge y los lazos afectivos vuelven a hacer su trabajo. Solo hace falta emprender el ejercicio de estar juntos. No es tan difícil. Al final del viaje los recuerdos de alegrías se amontonan y sonríen detrás de cientos de fotos.

Recuerdos de una travesía

Mi madre, con más de 70 años, pasó una semana en un campamento por primera vez en su vida, hizo snorkel, aprendió a jugar al pool y se tiró por toboganes gigantes. Después de la travesía volvió a Mercedes más flaca, más ágil y llena de nuevas historias.

Mi padre a los 73 empezó a aprender inglés en una academia, bailó en una tanguería de Puerto Vallarta, agasajó con empanadas argentinas a una verdadera banda el día de su cumpleaños y volvió a Mercedes sabiendo publicar noticias en la web de El Nuevo Cronista.

Estoy orgulloso de que sigamos corriendo aventuras juntos. No es lo mismo mostrarles a mi regreso un álbum de fotos, que el ejercicio de estar aquí, tener vivencias comunes y construir recuerdos compartidos. Que conozcan los pequeños apartamentos donde vivo, que disfruten de las mansiones de amigos que nos hospedan, que sientan en vivo y en directo los olores y los sabores de este país vibrante e inagotable.

Pienso en todo esto mientras empaco las cositas de Paloma: revistas, recuerdos del viaje, un ticket de cine. El recibo de un mecánico dispara el recuerdo de una mañana en que tuvimos que empujar el auto marcha atrás, y un agente nos paró el flujo de tránsito para ayudarnos. Resurgen conversaciones de música y películas, la historia del té quemagrasas, la anécdota de cuando el abuelo casi se ahoga al caerse del kayak o el recuerdo del payaso que se había enamorado de la abuela.

Las despedidas nunca son fáciles. Recojo los libros de Paloma, que se llevó muchas materias y se pasó las mañanas estudiando. Pasarán meses hasta que vuelva a verla. Se me encoge el corazón cuando repaso su cartuchera, su neceser de mujercita, su libretita de apuntes donde anota recuerdos íntimos (“No mirar. ¡Prohibido!”).

Cada objeto, cada pedacito de equipaje cuenta una historia. Cuando ciertas cosas pasan dos meses en tu entorno se convierten en parte de tu familia. Meterlas en una valija es como un entierro, un duelo inexplicable, una pequeña muerte.

Cuando los despido en el aeropuerto tengo ganas de llorar, pero estoy feliz.

Familia rodante

Por eso quiero más travesías. Ahora estamos planeando un viaje a Madrid, con los Timossi, los Fioretti, el “Loco” Ponce y amigos, a visitar a Cacho y a Gerchu, y a hacer una travesía juntos hasta París en la casa rodante de mi hermano. Vamos a ser un grupo delirante por las carreteras de Europa, con poca plata y poco equipamiento, perdiéndonos al tratar de esquivar los peajes y haciendo papelones en los restaurantes. Pero va a ser inolvidable.

Se lo recomendé a mi prima Paula, y se lo recomiendo a todo el mundo. Si pueden, júntense, amontónense y salgar a rodar. Al principio se hace difícil, pero después todo fluye. No importa si el auto se rompe, si se pisotean en la carpa, si les pican las migas de pan al dormir, si la abuela eructa o el tío se tira pedos. Toda esa revoltura es lo que somos. Y en esa la travesía brota una magia que nos une, nos alimenta y nos extiende la vida a todos.

Si nunca lo hicieron, hagan la prueba. Después me cuentan.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *