El fin del petróleo: postales del futuro cercano


Quedan pocos años de reservas. ¿Qué impacto tendrá esto en la vida cotidiana? Los nuevos hábitos de un mundo con menos abundancia, pero más sustentable y limpio.

¿Cómo cambiará nuestra vida cuando la sociedad petrolera llegue a su fin?

A todas luces, el declive de la producción mundial de petróleo ha comenzado. De ahora en adelante el oro negro será cada vez más escaso. Y cada vez más caro.

Hagamos memoria. En noviembre del 2001 el precio del barril de petróleo se mantenía a solo 18 dólares. El precio reflejaba el parámetro histórico de las últimas tres décadas y se mantenía dentro de su valor tradicional desde principios del siglo XX. Desde entonces comenzó una escalada que ubica hoy, febrero del 2011, al precio en más de 100 dólares el barril[i]. Y seguirá subiendo.

La guerra de Irak y las actuales escaramuzas contra Irán, la recesión mundial y otro conjunto de eventos económicos le permiten a muchos analistas deducir que el peak oil –el punto en que la producción llegó a su máximo nivel, para luego declinar para siempre- ya se ha alcanzado a principios de este mileno. Lo admitan o no los gobiernos y las petroleras.

Los optimistas hablan de décadas para llegar al agotamiento. Los pesimistas, de pocos años. En ambos, en términos históricos, el fin del petróleo está a la vuelta de la esquina. ¿Qué impacto tendrá esto en la vida cotidiana?

El cambio en la vida cotidiana

Sn duda, será una profunda reconversión de nuestro estilo de vida, pero difícil de predecir en sus formas y su calendario.

Una consecuencia obvia es que el petróleo, que juega un papel mayoritario, será cada vez menos relevante en la producción mundial de energía. Ya viene siendo gradualmente reemplazado por otras fuentes de energía: hidroeléctrica, eólica, nuclear, etc. Las visiones optimistas apuestan a que, para cuando el petróleo se convierta en una materia prima demasiado cara y escasa, la humanidad la habrá reemplazado por otras soluciones energéticas.

Sin embargo, la importancia del petróleo va mucho más allá del combustible para nuestros vehículos particulares. El petróleo es la base de gases utilizados para combustible doméstico, del queroseno de los aviones, del gas-oil de las cosechadoras del campo, de los aceites lubricantes utilizados en millones de motores, de los asfaltos de las carreteras, de la vaselina de pomadas y ungüentos, y de cientos de otros subproductos utilizados en la fabricación de fibras textiles, plásticos, lacas, colorantes y disolventes.

Es decir que el petróleo es el corazón de nuestra la sociedad. Lo llevamos en las bolsitas del supermercado, en los componentes de los electrodomésticos, en los neumáticos de los vehículos y en las suelas de las zapatillas. Es la materia prima de la vida moderna, y su abundancia como energía barata explica la explosión demográfica que vivió la humanidad durante los últimos dos siglos. Toda la ideología maquinista que guió nuestro desarrollo en los últimos siglos se deriva se esta fuente de energía concentrada, ahorro biológico del planeta durante muchos millones de años, que estamos a punto de terminar de consumir.

Pensar en que la disponibilidad barata de petróleo se termine, es pensar en el fin del sueño del crecimiento infinito de la economía y el confort. Y en una abrupta caída de la población mundial, tal como deduce el analista Michael Ruppert en el documental “Collapse”.

Pero tal vez el futuro no sea tan negro.

Vivir sin petróleo

La idea de vivir sin el derroche energético actual asusta. Por caso, el precedente más cercano de una sociedad expuesta dramática a la escasez de esta materia prima fue la Cuba del Periodo Especial, después de 1990. Allí el corte de suministro fue abrupto. El transporte y las fábricas se paralizaron, e insumos vitales para nuestro modo de vida como el jabón o un bolígrafo se convirtieron en bienes escasísimos. Sin embargo, Cuba pudo sobrevivir y su experiencia le permitió desarrollar estrategias que dos décadas después normalizaron la vida cotidiana, dice Ruppert.

¿Cómo sería una sociedad sin petróleo? Lejos de los pronósticos catastrofistas, mi impresión es que asistiríamos a un mundo de menos abundancia, pero más sustentable y limpio.

–       Producción y consumo local de alimentos: Se acabará el derroche energético de la distribución internacionalizada de alimentos. La comida se cultivará y se consumirá en la misma región. Asistiremos a un auge de huertos caseros. Tendremos tal vez menor variedad, pero posiblemente mejor calidad de nutrientes.

–       Venta de productos a granel: Disminuirá drásticamente el envase descartable y muchos productos se comercializarán a granel, con el consumidor aportando el contenedor ¡A la vieja usanza! Esto provocará una fuerte disminución en la cantidad de basura producida.

–       Retorno a la medicina tradicional: Con la industria farmacéutica desprovista de uno de sus insumos básicos, habrá un retorno masivo de remedios caseros y medicinas tradicionales. Combinado con los nuevos abordajes holísticos acerca de la salud, posiblemente el acceso a un cuidado sanitario para todos se convierta en un objetivo más cercano.

–       Nocáut a la industria del transporte: Caminar volverá a ser un hábito cotidiano masivo y saludable, que reemplazará a la locura de las ciudades colapsadas por el tráfico. Las bicicletas serán una herramienta clave, y la tracción a sangre reemplazará muchos de los procesos maquinísticos actuales, y tal vez para bien!

–       Revitalización de los vínculos: El individuo aislado perecerá, dice Ruppert. Sobrevivirán aquellos que tenga familia y comunidad en torno, para hacer sustentables los procesos agroalimentarios y cuidados básicos que todos necesitamos.

¿Cuánto de esto ya estamos viviendo hoy?

El cambio no llegará de un día para otro. Tampoco será un retorno a la edad de piedra: la humanidad no habrá atravesado por siglos de desarrollo tecnológico en vano.
Será el amanecer de una nueva era: caídos los mitos del crecimiento infinito, dejaremos de ser obesas y complacientes cigarras, para convertirnos en laboriosas y conscientes hormigas, dispuestas al trabajo en comunidad que asegure un mejor invierno.

¿Qué podemos hacer para prepararnos para el cambio?


Fuentes:

  • “2012 y el fin del Petróleo: Antecedentes de una catástrofe anunciada”. Sergio Peña Herrera. 05/06/2010. http://emisordigital.bligoo.com

  • “El fin del petróleo. La próxima tragedia griega”. José M. de la Viña. 09/02/2010  www.cotizalia.com.
  • “Collapse”. Documental de Chris Smith sobre las ideas de Michael Ruppert.

[i] Fuente: http://www.preciopetroleo.net/


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