Wi-fi, señal de peligro


Pese a la inquietud mundial por la influencia de los sistemas inalámbricos sobre la salud, el wi-fi prolifera. Ciudades enteras se convierten en dispositivos irradiantes. Un documental de la BBC expone los peligros de esta tecnología, y cómo muchos gobiernos desoyen la advertencia de científicos.

En un documental de 2007 de Panorama para la BBC, Paul Kenyon critica la complaciente posición oficial del Gobierno inglés frente a las advertencias de connotados científicos sobre los efectos de la proliferación de las antenas de móviles y otras tecnologías inalámbricas.

Mientras el Gobierno sueco ha reconocido en su sistema de salud la “electrosensibilidad” como un malestar causado por la influencia de campos electromagnéticos, la mayoría de los gobiernos ignora las advertencias científicas en torno a su potencial peligro para la salud.

El documental presenta la palabra de Sir William Steward, consejero científico del gobierno de Margaret Tatcher, convocado por Tony Blair para estudiar el impacto de las tecnologías wi fi sobre la salud. Steward, luego de un año de examen, no descarta que las señales provoquen cambios en funciones cognitivas, inducción al cáncer y cambios biológicos a nivel celular. El consejero recomendó una “aproximación cautelar”, evitando la instalación de mástiles cerca de escuelas, por ejemplo.

Sin embargo, estas recomendaciones no sólo fueron desoídas, sino que el Reino Unido, siguiendo la tendencia del mundo industrializado, se está convirtiendo masivamente en un foco irradiante de tecnología inalámbrica. Ciudades enteras se convierten en “hot-spots” y cada vez más escuelas instalan w-ifi en sus aulas, que es un tipo de radiofrecuencia muy similar a la de los teléfonos móviles. El trabajo de la BBC muestra las mediciones de radiación en una escuela con internet inalámbrico, y los niveles son hasta tres veces más altos que en un punto cercano a la irradiación de un mástil.

Lo revelador es que estos niveles están por debajo de lo que la normativa oficial considera peligroso para la salud. Las mediciones en las escuelas arrojan datos hasta 600 veces por debajo de lo que la regulaciones actuales consideran “seguro”.

El parámetro térmico

Y aquí llegamos a un dato clave: ¿Cuál es el criterio para establecer qué nivel de radiación es peligroso para la salud? La OMS y los organismos gubernamentales que siguen sus recomendaciones, se rigen por el parámetro térmico. Es decir, las radiaciones son peligrosas cuando llegan a afectar la temperatura de nuestro cuerpo. Si no nos queman, entonces son inofensivas.

Esta perspectiva está distorsionada, porque ignora la dimensión electromagnética de la vida: la influencia dañina que los campos artificiales puede tener sobre el ADN, la comunicación intracelular y la biósfera terrestre en general.

El profesor Henry Lai, de la Universidad de Washington, enumera entre 2000 y 3000 estudios sobre la influencia de los mástiles, y la mitad de ellos documentó efectos sobre la salud. El doctor Berd Obelferd, funcionario de Gobierno de Salzburgo, que lucha por erradicar el wi-fi de las escuelas en Austria, afirma que los daños y las roturas a nivel del ADN se pueden ver “como piezas en un puzzle”, induciendo cáncer y otras dolencias. El doctor Olle Johansson, del Instituto Karolinska de Estocolmo, que experimentó con niveles de radiación inferiores a los del wi-fi, documentó numerosos efectos biológicos: daños en los cromosomas, disminución de la memoria a corto plazo, aumento de los casos de cáncer, etc.

Los hallazgos de Johansson permitieron identificar el origen de las dolencias de las personas “electrosensibles”, que son aquellas que sienten la presencia de las radiaciones y se ven afectadas en su salud, y desarrollar una estrategia para protegerlas: determinar zonas libres de wi-fi, pintar sus casas con pintura antirradiación, o empapelar sus dormitorios con papel metálico.

Frente a esta evidencia, William Steward sostiene firmemente que la OMS “está equivocada”, y que debieran revisar las declaraciones públicas que están haciendo al respecto de las tecnologías inalámbricas.

El documental de Paul Kenyon concluye con una entrevista el doctor Mike Repacholi, fundador del ICNIRP, el cuerpo internacional de científicos que regula la normativa internacional sobre las radiaciones y que la OMS toma como referencia.

Para este organismo, la radiación tiene que ser tan intensa como para calentar los órganos del cuerpo antes de ser limitada. Por ese motivo los “niveles de seguridad” actuales son tan altos. Para Johansson, el parámetro técnico es “absurdo”. Henry Lai considera que esa normativa “deja afuera muchos datos”.

Pero Repacholi insiste en su postura: “No hay evidencias de afectos adversos para la salud”. Admite que, antes de integrar la OMS y ICNIRP, trabajó como especialista para la industria de la telefonía móvil, defendiendo el derecho de las empresas a instalar mástiles. Pero esta experiencia no ha afectado su posición de “científico independiente”, sostiene.


DOCUMENTAL “WI-FI, SEÑAL DE PELIGRO”. Subtítulos en español

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