Hambre de piel: el poder curativo del tacto


El contacto físico es una necesidad biológica en todas las edades. En la punta de los dedos tenemos capacidad para sanar y proporcionar felicidad. Claves para desarrollar un sentido rodeado de tabúes.

Por Claudio Fabián Guevara

En Agosto de 2010 circuló por el mundo la noticia de una madre australiana que resucitó a su bebé prematuro dado por muerto, a base de besos, caricias y palabras.

Kate, la madre a la que los médicos le entregaron el cuerpo inerte de su bebé para que se despidiera, mantuvo al pequeño Jamie sobre su pecho mientras le hablaba y lo acariciaba. Dos horas después, el bebé sorprendía a los médicos mostrando signos de vida.

Jamie nació a las 27 semanas de gestación y su peso era muy bajo, por lo que no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir según el equipo que atendió su parto. Después de luchar 20 minutos para conseguir que Jamie respirara, los profesionales lo declararon muerto.

Aunque la criatura no se movía, Kate no se dio por vencida y durante dos horas la acarició, le susurró al oído y probó a darle leche en su dedo. El bebé comenzó a respirar con regularidad y “poco tiempo después abrió los ojos, tendió la mano y agarró mi dedo. Fue un milagro”, completó. Cuando el médico regresó, no podía creer lo que ocurría.

El poder del tacto

El “milagro” de Kate es un episodio bastante natural si nos desprendemos de la creencia en que un circuito de máquinas, incubadoras y fríos procedimientos técnicos es la mejor manera de cultivar los primeros hálitos de vida en un ser recién llegado al mundo.

El feto tiene su primera experiencia de estímulo táctil antes del nacimiento. El momento del parto le proporciona al bebé el primer estímulo táctil, que “debiera continuarse inmediatamente durante bastante tiempo después del parto”, dice Philippe K. Davis en su libro “El poder del tacto. El contacto físico en las relaciones humanas”. Davis asegura que ”los recién nacidos tienen una necesidad biológica de ser tocados”.

“Necesitamos que se estimule la piel para sobrevivir, y tocarla es una sencilla manera de lograrlo”, dice Davis, para quien la estimulación cutánea es una de los 10 necesidades fundamentales del ser humano.

Hablar de tacto es hablar de la piel, que nos envuelve como un sobre gigantesco, alcanza hasta el 20 por ciento de nuestro peso corporal y es el órgano más importante después del cerebro. La piel es la voz de nuestros problemas emocionales: canaliza la descarga simbólica de los conflictos interiores y las emociones reprimidas. Y puede ser también una formidable fuente de bienestar.

Abrazos, mimos y caricias

El bebé aprende sobre el amor y el tacto siendo amado y tocado. “Traer un bebé a casa desde el hospital en un cochecito de plástico y acostarlo en una cuna no proporciona amor ni contacto”, dice Davis. En muchos países “primitivos” los bebés están contacto físico permanente con el cuerpo de la madre, a veces sobre la piel desnuda. Es notable la diferencia de desarrollo físico y emocional con los niños del “mundo desarrollado”, que crecen rodeados de personal de servicio sin vínculos afectivos con ellos, en rígidas escuelas donde el contacto físico está prohibido y en hogares donde las caricias y el tocamiento corporal son un tabú. “Para desarrollarse en forma saludable, una criatura necesita que se la lleve en brazos, se la mime, se la acaricie… Es una necesidad fundamental en los primeros años de vida infantil”, subraya Davis.

Para cualquiera que experimente los beneficios del contacto físico con personas, no hace falta una explicación científica. Pero sí abundan los estudios que demuestran que este aspecto de la vida constituye una de las bases de nuestro bienestar. Por caso, hace unos 60 años, en EE.UU. se volvió doctrina oficial la visión del doctor Holt (1) para crianza de los niños. Este recomendaba no acunar a los bebés, no alzarlos en brazos cuando lloran y alimentarlos en un horario estricto para no “echarlos a perder”. Cuando la doctrina Holt se aplicó masivamente, la mortalidad infantil para criaturas menores de un año que se criaban en orfanatos, alcanzó el 50 por ciento.

Para todas las edades

La civilización occidental nos ha persuadido de que somos máquinas autónomas e individuales, y nos ha separado cuidadosamente unos de otros. La colección de tabúes “no tocar”, además del miedo al placer y los temores freudianos, ahora incluye el miedo a la homosexualidad. Y por supuesto,  el temor a que un abrazo o una caricia sean interpretados como una aproximación sexual.

El contacto físico, incluso cuando se considera bueno y natural para los niños, comienza a ser evitado cuando la adolescencia llega. Empezamos a considerar esta conducta saludable, atenta y amorosa como “orientada sexualmente” o pervertida”. Para Philippe Davis, esta tendencia no es buena. “No estamos dando a nuestros hijos los suficientes contactos cariñosos para que aprendan a distinguir entre el tocamiento cariñoso y el sexual”.

El miedo al contacto es funcional con una sociedad que se vuelca cada más hacia un modelo de “tocamiento por un precio”. Los servicios pagados (masajes, sexo, otros servicios corporales) van reemplazando ignominiosamente al contacto natural del amor conyugal, familiar y comunitario.

Pero el tacto no es sólo un estímulo agradable: es una necesidad biológica. Y para todas las edades. “Todos nosotros necesitamos el contacto, sobre todo cuando estamos asustados, deprimidos, solitarios o cansados”, dice Davis. Y cuando envejecemos, o estamos enfermos. Todos tenemos “hambre de piel”, y más cuando nos sentimos vulnerables.

Hace falta reaprender en este campo, derribar nuestras barreras interiores y despojarnos de los miedos. Emprender una ronda de abrazos, caricias y masajes con nuestros hijos, padres, abuelos y amigos. Extender los brazos. Volvernos desprejuiciadamente “toquetones”.

En la punta de nuestros dedos reside una capacidad mágica para sanar, cuidar y proporcionar felicidad. Usémosla para cambiar el mundo.


1)Holt escribió en 1894 Care and feeding of the children que en 1935 iba por su decimoquinta edición y el Gobierno todavía recomendaba sus consejos.

HAMBRE DE PIEL :: El poder curativo del tacto

El contacto físico es una necesidad biológica en todas las edades. En la punta de los dedos tenemos capacidad para sanar y proporcionar felicidad. Claves para desarrollar un sentido rodeado de tabúes.

Por Claudio Fabián Guevara

En Agosto de 2010 circuló por el mundo la noticia de una madre australiana que resucitó a su bebé prematuro dado por muerto, a base de besos, caricias y palabras.

Kate, la madre a la que los médicos le entregaron el cuerpo inerte de su bebé para que se despidiera, mantuvo al pequeño Jamie sobre su pecho mientras le hablaba y lo acariciaba. Dos horas después, el bebé sorprendía a los médicos mostrando signos de vida.

Jamie nació a las 27 semanas de gestación y su peso era muy bajo, por lo que no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir según el equipo que atendió su parto. Después de luchar 20 minutos para conseguir que Jamie respirara, los profesionales lo declararon muerto.

Aunque la criatura no se movía, Kate no se dio por vencida y durante dos horas la acarició, le susurró al oído y probó a darle leche en su dedo. El bebé comenzó a respirar con regularidad y “poco tiempo después abrió los ojos, tendió la mano y agarró mi dedo. Fue un milagro”, completó. Cuando el médico regresó, no podía creer lo que ocurría.

El poder del tacto

El “milagro” de Kate es un episodio bastante natural si nos desprendemos de la creencia en que un circuito de máquinas, incubadoras y fríos procedimientos técnicos es la mejor manera de cultivar los primeros hálitos de vida en un ser recién llegado al mundo.

El feto tiene su primera experiencia de estímulo táctil antes del nacimiento. El momento del parto le proporciona al bebé el primer estímulo táctil, que “debiera continuarse inmediatamente durante bastante tiempo después del parto”, dice Philippe K. Davis en su libro “El poder del tacto. El contacto físico en las relaciones humanas”. Davis asegura que ”los recién nacidos tienen una necesidad biológica de ser tocados”.

“Necesitamos que se estimule la piel para sobrevivir, y tocarla es una sencilla manera de lograrlo”, dice Davis, para quien la estimulación cutánea es una de los 10 necesidades fundamentales del ser humano.

Hablar de tacto es hablar de la piel, que nos envuelve como un sobre gigantesco, alcanza hasta el 20 por ciento de nuestro peso corporal y es el órgano más importante después del cerebro. La piel es la voz de nuestros problemas emocionales: canaliza la descarga simbólica de los conflictos interiores y las emociones reprimidas. Y puede ser también una formidable fuente de bienestar.

Abrazos, mimos y caricias

El bebé aprende sobre el amor y el tacto siendo amado y tocado. “Traer un bebé a casa desde el hospital en un cochecito de plástico y acostarlo en una cuna no proporciona amor ni contacto”, dice Davis. En muchos países “primitivos” los bebés están contacto físico permanente con el cuerpo de la madre, a veces sobre la piel desnuda. Es notable la diferencia de desarrollo físico y emocional con los niños del “mundo desarrollado”, que crecen rodeados de personal de servicio sin vínculos afectivos con ellos, en rígidas escuelas donde el contacto físico está prohibido y en hogares donde las caricias y el tocamiento corporal son un tabú. “Para desarrollarse en forma saludable, una criatura necesita que se la lleve en brazos, se la mime, se la acaricie… Es una necesidad fundamental en los primeros años de vida infantil”, subraya Davis.

Para cualquiera que experimente los beneficios del contacto físico con personas, no hace falta una explicación científica. Pero sí abundan los estudios que demuestran que este aspecto de la vida constituye una de las bases de nuestro bienestar. Por caso, hace unos 60 años, en EE.UU. se volvió doctrina oficial la visión del doctor Holt (1) para crianza de los niños. Este recomendaba no acunar a los bebés, no alzarlos en brazos cuando lloran y alimentarlos en un horario estricto para no “echarlos a perder”. Cuando la doctrina Holt se aplicó masivamente, la mortalidad infantil para criaturas menores de un año que se criaban en orfanatos, alcanzó el 50 por ciento.

Para todas las edades

La civilización occidental nos ha persuadido de que somos máquinas autónomas e individuales, y nos ha separado cuidadosamente unos de otros. La colección de tabúes “no tocar”, además del miedo al placer y los temores freudianos, ahora incluye el miedo a la homosexualidad. Y por supuesto,  el temor a que un abrazo o una caricia sean interpretados como una aproximación sexual.

El contacto físico, incluso cuando se considera bueno y natural para los niños, comienza a ser evitado cuando la adolescencia llega. Empezamos a considerar esta conducta saludable, atenta y amorosa como “orientada sexualmente” o pervertida”. Para Philippe Davis, esta tendencia no es buena. “No estamos dando a nuestros hijos los suficientes contactos cariñosos para que aprendan a distinguir entre el tocamiento cariñoso y el sexual”.

El miedo al contacto es funcional con una sociedad que se vuelca cada más hacia un modelo de “tocamiento por un precio”. Los servicios pagados (masajes, sexo, otros servicios corporales) van reemplazando ignominiosamente al contacto natural del amor conyugal, familiar y comunitario.

Pero el tacto no es sólo un estímulo agradable: es una necesidad biológica. Y para todas las edades. “Todos nosotros necesitamos el contacto, sobre todo cuando estamos asustados, deprimidos, solitarios o cansados”, dice Davis. Y cuando envejecemos, o estamos enfermos. Todos tenemos “hambre de piel”, y más cuando nos sentimos vulnerables.

Hace falta reaprender en este campo, derribar nuestras barreras interiores y despojarnos de los miedos. Emprender una ronda de abrazos, caricias y masajes con nuestros hijos, padres, abuelos y amigos. Extender los brazos. Volvernos desprejuiciadamente “toquetones”.

En la punta de nuestros dedos reside una capacidad mágica para sanar, cuidar y proporcionar felicidad. Usémosla para cambiar el mundo.

Cita:

1)Holt escribió en 1894 Care and feeding of the children que en 1935 iba por su decimoquinta edición y el Gobierno todavía recomendaba sus consejos..


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