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Espiritualidad Psicología

La importancia personal: El monólogo del Ego

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La importancia personal está en el origen de muchos de nuestros dolores y pequeñeces. Es una de las actividades que más energía nos consume. Acabar con ella es el primer y más arduo trabajo de la vida espiritual.

Por Claudio Fabián Guevara

La importancia personal está en el origen de todos nuestros dolores y pequeñeces. Acabar con ella es el primer y más arduo trabajo de la vida espiritual.

Hace años, el mexicano Carlos Castaneda la definió así: “El mayor enemigo del hombre es la importancia personal. Lo que debilita es sentirse ofendido por lo que hacen o dejan de hacer sus semejantes. La importancia personal requiere que uno pase la mayor parte de su vida ofendido por algo o por alguien”.

Receta para la insatisfacción

La importancia personal es una de las actividades que más energía nos consume. Es un pariente cercano de lo que en psicología se denomina “ego” y en sociología, “ansiedad de estatus”. Es una construcción mental que nos lleva a intentar diferenciarnos de los demás, a sentirnos superiores por la calidad de la casa en que vivimos, el vehículo en que nos movemos o la cantidad de dinero que ganamos. Usualmente, vamos por la vida dejando constancia de nuestros progresos:

– “Sí, me compré un auto modelo 2010. Y el año que viene, creo que me muevo al O km”.

También podemos apelar a nuestros títulos académicos, al grado de autoridad que tenemos en la comunidad o lugar de trabajo, o inclusive a las amistades “importantes”, que nos confieren una importancia personal “prestada”:

– “Con el doctor García, que está al frente del ministerio, somos amigos de chiquitos”.

Basar nuestro bienestar emocional en la importancia personal es una receta para la permanente insatisfacción. Porque la medida de la importancia sólo tiene sentido en comparación con los demás. Y ya lo dijo el autor de la Desiderata hace siglos: “Si te comparas con otros puedes volverte vanidoso y amargo, porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú”.

La importancia personal lucha desesperadamente por obtener un reconocimiento de los otros, motivo por el cual necesita siempre “mostrar” y “hacerse valer” para “ser reconocida”. Pero es energía malgastada. Las ideas que los demás tienen acerca de nosotros mismos difícilmente coinciden con quienes realmente somos. Miguel Ruiz afirma: “Los demás tienen sus propias opiniones según su sistema de creencias, de modo que nada de lo que piensen de tí estará relacionado contigo, sino con ellos”.

monologo-del-egoEl cultivo de la importancia personal implica un agotador discurso interno destinado a reafirmar constantemente los logros y la posición personal, en desmedro del resto del mundo. Este discurso nos separa del mundo, nos desconecta, y nos hace sufrir a nosotros y a quienes nos rodean.

►Cambiando el discurso

El español Francisco Pérez de Villar Martín sostiene que cuando el centro del comportamiento es la importancia personal, el discurso interno dice:

  • Yo soy el mejor.
  • Yo soy el que todo lo hace bien, los demás no.
  • Debo conseguir que los demás me admiren siempre.
  • Debo tener más dinero que nadie.
  • Debo tener el mejor coche, la mejor casa, las mejores vacaciones, etc.

La sociedad de consumo, las apelaciones publicitarias, la mayor parte de las estructuras de nuestra enferma sociedad, cultivan en los individuos la importancia personal: “¡Tú puedes ser rico!”, “Pertenecer tiene sus privilegios”, “Hazte socio del club de los elegidos”, etc. Propone metas mezquinas y a menudo inalcanzables. Si las internalizamos como deseos profundos, lo más seguro es que terminemos agotados y frustrados.

Para superar este discurso, Pérez de Villar Martín recomienda un enfoque centrado en el corazón:

  • Todos somos uno.
  • Todos formamos parte de la unidad.
  • Cada ser vivo tiene una función, una tarea que cumplir dentro del colectivo de todo lo que existe, de todo lo que es.
  • Me trato con amor a mí mismo,  a los demás, a todos los seres vivos, y a todo lo que existe y a todo lo que es.
  • Nunca impongo, solo sugiero.

Cambiar el discurso interno de la importancia personal requiere control, disciplina, refrenamiento. Cuando lo logramos, nos hacemos inaccesibles al veneno de la competencia por sobresalir, nos concentramos en ser y no en parecer, y basamos nuestro bienestar simplemente en el amor que damos y recibimos.

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