Hallazgos preliminares

El sueño de una “ciudad spa”

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El mejor diseño de salud pública no pasa por muchos médicos y hospitales, sino por tener pocos enfermos • Propuesta por un espacio urbano para dormir y descansar bien, con mucho verde y pocas radiaciones.

Por Claudio Fabián Guevara

El miércoles, en la CEM, expuse un resumen simplificado de cuatro documentos científicos en torno a la influencia de las comunicaciones inalámbricas en la salud.

La historia arranca en 2002 en Alemania, con una declaración de un grupo numeroso de médicos que advierten síntomas de enfermedades recurrentes que relacionan con la presencia de antenas de microondas.

Casi al mismo tiempo, dos investigadores suecos descubren que la curva del aumento de distintos tipos de cáncer a lo largo del Siglo XX, coincide con la curva de aumento de las emisiones de radio y TV.

Cinco años después, un grupo internacional de 14 científicos publica The Bioinitiative Report, un dossier de 600 páginas de análisis de cientos de pruebas de laboratorio e informes médicos. La conclusión es que la exposición a campos electromagnéticos está vinculada con una docena de enfermedades y trastornos de la salud, entre ellas leucemia y daños en el ADN.

En 2007 el biocientífico alemán Ulrick Warnke agrega la explicación química de todo este proceso. Lo que produce la exposición a radiaciones es una perturbación del sistema NO (oxido nítrico), que desencadena un debilitamiento del sistema inmunológico, y abre la puerta a una larga lista de enfermedades. Warnke, razona además, lo siguiente: ya conocíamos qué tipo de perturbaciones provocan la alteración del oxido nítrico. Lo que resulta interesante es que el listado de enfermedades derivadas de este problema, coincide con el listado de trastornos acusados por las personas que se quejan por la presencia de campos magnéticos.

Por primera vez, los síntomas subjetivos de los electrosensibles tienen una explicación biológica, medible en laboratorio. Ahora sabemos cuál es la causa del problema de insomnio y trastornos del sueño que tanta gente sufre. Y tenemos una pista clara sobre el origen de la curva ascendente del cáncer y la depresión.

Conclusión: ¿Todavía vamos a seguir creyendo que no hay “evidencia convincente” sobre la incidencia de las radiaciones en la salud?

Estos estudios tienen una fortaleza científica de primer nivel, no han sido refutados ni desautorizados por nadie, y es evidente que modificarán radicalmente el enfoque de nuestros sistemas sanitarios en cuanto los médicos y los responsables de políticas de salud se anoticien del tema.

Una propuesta de negocios

Mi visión del problema es que, en lugar de congelarnos en el simple rechazo a la expansión de las tecnologías inalámbricas, podemos aprovechar la crisis de las antenas como una “oportunidad de negocio” para la comunidad. En términos de “Business”, convertir al problema en una solución, detectar un nicho de mercado para “reorientar nuestra empresa”. Utilizo esta terminología marketinera porque la ofensiva de las empresas por instalar más antenas intenta seducirnos con inversiones y movimiento de dinero. Se supone que habrá gente que podrá cobrar por el alquiler de sus terrazas y patios, contratistas y obreros que cobrarán por su trabajo, y que el Estado recaudará sus correspondientes peajes. Percibo que este entramado de intereses está fastidiado con la oposición vecinal a las antenas, y andarán echando a rodar las habituales infamias sobre los intereses que movilizan a los activistas.

Pero yo le hablo a esos vecinos y les digo que el negocio de instalar mástiles es inviable e inconveniente, y en cambio, podemos encarar juntos, con el resto de los vecinos, un negocio mucho más provechoso para la ciudad. Un negocio que nos dé beneficios múltiples, a través de generar nuevos conocimientos, crear valor para la ciudad, y permitirnos ahorrar mucho dinero en medicamentos, pastillas para dormir y antidepresivos.

El mejor diseño de salud pública no pasa por tener muchos médicos y hospitales, sino por tener pocos enfermos.

Tres pasos

Mi propuesta es simple, no requiere inversiones millonarias de multinacionales ni procesos largos y tortuosos. Está dividida en tres pasos:

1. Congelemos por un lapso prudencial (digamos, seis meses) la instalación de más antenas en el partido de Mercedes hasta estudiar el problema y tomar una decisión. Así nos comportamos como una comunidad sensata y dejamos de fomentar guerras entre vecinos.

2. Analicemos la estadística de ciertas enfermedades en los últimos 15 años, y comparémosla con la estadística del incremento de emisiones de radio y TV, señales de móviles y Wi Fi en el mismo tiempo. Si observamos una tendencia coincidente entre las curvas ascendentes de ambas, ya tenemos evidencia de que lo que informan estos estudios está sucediendo también en Mercedes. Si queremos hacer un trabajo más completo podemos analizar datos sobre funciones cognitivas y capacidad de aprendizaje en los estudiantes de nuestras escuelas, y datos sobre accidentes de tránsito, que también forman parte de las variables implicadas en los estudios suecos.

3. Sobre la base de este estudio ya podemos definir una política. Si no hallamos ninguna variable que coincida en nuestro estudio, pues podremos seguir con un plan de expansión de tecnologías inalámbricas sin tanta controversia, tal vez planificando adecuadamente la ubicación de los mástiles. En cambio, si se confirman los daños a la salud, es evidente que tenemos que encarar una política diferente.

La ciudad spa

“¿Y qué haríamos si tuviésemos que tomar un camino diferente de desarrollo? ¿Nos quedaríamos sin radio y TV, y sin teléfonos móviles?”

Pues yo no creo que ese diseño sea realista. Creo que las tecnologías inalámbricas prestan un gran servicio y en ciertas circunstancias de la vida cotidiana son insustituibles. Pero podemos apuntar a obtener un óptimo de conectividad, usando la menor cantidad de radiación posible. ¿Cómo? Pues en ese sentido, hay que hacer camino al andar.

Diseñar un espacio urbano de bajas radiaciones no parece fácil hoy en día. Pero podemos empezar, por ejemplo, limitando la emisión de ondas de radio y de celulares a niveles menores a los actuales. Podemos aconsejar a la gente que use internet de cable en sus hogares, y reemplazar el wi fi público por servicio de internet en bibliotecas. Podemos colocar las antenas lejos del radio urbano. Podemos desplegar un buen tendido de fibra óptica, para mejorar las comunicaciones sin expandir las emisiones inalámbricas.

Tal vez eso no sería suficiente, o tal vez esas simples modificaciones harían una gran diferencia.

Yo creo en los pingües beneficios que produciría una política sostenida para convertir a Mercedes en un espacio urbano apto para dormir y descansar bien, con mucho verde y pocas radiaciones, diferenciado del contaminado ambiente electromagnético de las grandes urbes. Un lugar donde la gente pueda estar relajada, dependiendo menos de fármacos para sentirse bien. Una “ciudad spa”, para definirlo con un eslogan publicitario. Este perfil, además, hace sinergia con nuestro polo turístico gastronómico, que nos posiciona en la mente de muchos como un pueblo de campo, de aire fresco y puro.

¿No sería esto más “rentable”, no generaría más valor, que el dinero generado por la renta de terrazas y la venta de habilitaciones?


EL DATO

8 son los mástiles que Telefónica planea en la zona urbana.


Investigación Acción Participativa

Los datos expuestos el jueves son en el resultado de meses de investigación para una tesis de maestría en la Universidad Veracruzana. El trabajo asume la forma de una Investigación Acción Participativa, donde un grupo de vecinos de Mercedes participan en el estudio del problema, actúan como difusores, analizan periódicamente los reportes y debaten líneas de trabajo. Ellos son: Jorge Alberto Pertossi, Marcela García, Elizabeth Carrizo, Fernando Luna, Fernando Aranda, Blanca González, Jorge Ismael Guevara, Viviana Thompson, Evangelina Vícoli y Ornella Sabbatasso.


¿Tiene problemas para dormir?

El perfil sanitario de los mercedinos coincide con los cuadros de enfermedades propios de la contaminación electromagnética.

En la reunión del miércoles en la CEM, realizamos antes de comenzar la charla una mini-encuesta de percepción sanitaria a unas 30 personas. La pregunta: “Indique si usted sufre, o conoce personas en Mercedes que sufren, cualquiera de los siguientes trastornos de la salud”, y a continuación una lista de 23 trastornos comunes por la perturbación del equilibrio redox. Un 80 de las afecciones presentadas aparecen en las respuestas. Las más comunes son trastornos del sueño y sensación de agotamiento extremo (86 por ciento), y alteraciones del tiroides, 77 por ciento. En el punto cáncer el índice llegó al 50 por ciento.

El muestreo es pequeño, y merecería ser llevado a una escala mayor.

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