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El poder de la oración: confesiones de un ateo

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La oración es un componente universal de todas las religiones y tradiciones espirituales. Aunque no sea en un templo, casi todos oramos. Expresar nuestras intenciones derrama una carga de energía difícil de explicar pero fácil de sentir, si se practica.

orandoClaudio Fabian Guevara

Un amigo y vecino de Mercedes, Pablo Stasiuk, comenta una foto mía de perfil de Facebook donde parezco estar rezando: “Se volcó al Cristianismo, Guevara”?, me pregunta.

Pablo integra una familia de una histórica militancia comunista, y con su pregunta alude a mi postura antirreligiosa y anticlerical de tantos años. Le respondí que, en realidad, en la imagen estaba mirando los bocetos de preparación del primer número de Hola Leeds, una revista que fundé con unos amigos en Inglaterra en el año 2004. Me veo de perfil, con los ojos entornados, y las manos juntas en actitud de oración.

“No estaba rezando”, afirmé yo. Muy serio. Y algo inseguro, creo.

México mágico

¿No estaba rezando?

Me puse a pensar en cuántas actitudes religiosas fui incorporando en mi vida desde que llegué a México. Y me doy cuenta de cuántas contradicciones despierta en mí la tradición racionalista en la que fui educado, y la experiencia de sentir que hay verdades en la vida más allá de toda explicación “científica”.

En México es común un pensamiento mágico, que populariza consejos tales “sigue las señales” o “sigue a tu corazón”, y la devoción por la virgen de Guadalupe se mezcla con rituales prehispánicos y todo tipo de ceremonias paganas. En México me abracé a una convivencia cotidiana con un sentido religioso de la vida que brota por todas partes. Este país es una combinación de moderna sociedad occidental con culturas indígenas milenarias, que aportan su propia mirada religiosa sobre la vida.

En ese baño cotidiano de espiritualidad, me encuentro con que he orado muchas veces en los últimos meses.

He orado en los rituales previos al chi kung, en la palapa del Centro Ecodiálogo, haciendo el saludo a los cuatro puntos cardinales y entonando mantras, con mis maestros Enrique y Eduardo.

En varios temascales con la abuelita Fabiola.

He orado ante una imagen gigante de la Santa Muerte, en casa de unos divertidos personajes de la noche, que me presentaron a su madrecita con una devoción difícil de describir.

He orado en las montañas de Guadalajara, en una ceremonia de yopo.

En todas esas ocasiones he rendido homenaje verbal al mundo, he pedido por mis intenciones. He orado, en suma.

Manifestando intenciones

Ahora habla mi ser racional.

El recorrido de estos años me ha llevado a mirar a las religiones como un lenguaje universal, un flujo de significados que recorre todas las culturas, diferentes versiones de una misma canción que “brota” de una forma inexplicable. Dentro de ese lenguaje, la oración es un componente universal.

Rezar, bendecir, orar son todas expresiones de una intención. Y aunque sea inexplicable parece tener una mágica influencia.

Mi ser racional necesita explicaciones “técnicas”, “científicas” que expliquen los “fenómenos”. Entonces organizo indicios, y los enumero:

  • En el mundo secularizado, las modernas técnicas de “coaching”, inteligencia emocional, liderazgo, etc proponen muchos principios derivados del poder de manifestar una intención.
  • Bendecir los alimentos influye positivamente sobre su energía cuántica, dicen algunos físicos.
  • La palabra bien intencionada puede curar, muestran numerosas evidencias.
  • La intención modifica la estructura molecular del agua, dice un científico japonés.
  • Y así en la misma línea de indagación.

Practicar para entender

Para mi ser intuitivo -que estoy aprendiendo a escuchar- la cosa es más simple. Expresar nuestras intenciones derrama una carga de energía sobre el mundo que nos rodea, y que eso es difícil de explicar pero es fácil de sentir, si se lo practica. Podemos aprender más sobre el poder de la oración a través de la experiencia, de ejercitarla, que razonando sobre ello.

Esto ya lo saben los millones que a diario se recogen en una ceremonia, íntima o pública, y piden por sí mismos o por los demás. Ellos saben del poder de la oración, lo conocen por experiencia y además, responden a un llamado interior que existe en las personas desde hace miles de años, y no necesitan ninguna fundamentación lógica que justifique su “utilidad”.

Yo estuve muchos años ignorante de ese sentimiento, y hoy en cambio soy consciente de que casi todos tenemos ese rincón mágico: le hablamos a nuestros muertos, le hacemos reverencia a una camiseta o una bandera, portamos amuletos. De algún lado viene ese sentimiento, y aunque la sociedad mecanicista tiende a aplastarlo, creo que es prudente cultivarlo, atenderlo.

Hoy soy consciente de que aunque no sea en un templo, casi todos oramos.

Oramos, aún sin fórmulas religiosas, cuando pedimos de corazón por un cambio político en el mundo. Cuando hacemos fuerza por la salud de un ser querido. Cuando se encara una obra con entusiasmo y pasión, y se derraman palabras llenas de ilusión.

Por eso ahora pienso en lo que vio Pablo Stasiuk en la foto, y creo que tiene razón. Me acuerdo de aquellos días de preparación de Hola Leeds, de la emoción que había en el ambiente, de todo el corazón que estábamos poniendo en la obra. Esa postura de reverencia, de fervor religioso, tal vez no fue casual.

O sea que sí, Pablo. No me convertí al cristianismo, pero tal vez estaba orando sin darme cuenta.

4 thoughts on “El poder de la oración: confesiones de un ateo

  1. Claudio, me alegra que un simple comentario haya derivado en una nota tan interesante….Igual, creo que me voy a volcar para el lado del Gauchito Gil…por lo colorado ,vió???ABRAZO!!

  2. “La nota es de verdad interesante, porque más de uno se sentirá reflejado en la actitud de la foto y la interpretación que el lector le dió. Sin embargo lejos de estar equivocado, en la reflexiva explicación de la imagen se concluye que efectivamente es posible que estuvieras orando. Yo lo hago a diario, y en cualquier lugar,en cualquier momento… a quien? A los que creo que me escuchan y sabrán entender pero particularmente me siento sumergida en un estado “”ideal”” cuando lejos de la gente encuentro un momento para tener sensaciones especiales, un mirar hacia el interior y tener la fiel convicción de que lo que pido es posible. Entonces encuentro la calma que tanto busco y simplemente espero porque alguien ya tiene planes para mí. Sólo es cuestión de estar atento, saber mirar ysaber escuchar las señales…”

  3. muchas veces el cuerpo manifiesta actitudes inconcientes aunque no queramos, la oración es una manifestación universal que aunque sea difícil muchas veces expresar con palabras la manifestamos con el cuerpo, somos parte de una integración molecular de las cuales alguna reacciona ante una actitud positiva como esta, es más fácil volcarnos a lo negativo y lastimar que expresar lo positivo y agradecer.

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